Usualmente a vulnerabilidad es percibida como elemento que debemos cambiar, que debemos siempre permanecer fuertes, pero ignoramos el potencial que tiene para nuestro desarrollo emocional y empático. No es ni buena ni mala, puede llegar a ser la esencia de sentir las emociones de una manera más vívida, usualmente estamos en el día a día en pro de anular nuestra experiencia emocional por temor a ser percibidos como débiles. El rechazo suele surgir porque la asociamos con emociones “negativas” como el miedo, la vergüenza, la depresión, la tristeza y la decepción: emociones de las que no queremos hablar, aunque estén afectando profundamente a nuestra forma de vivir, amar, trabajar e incluso guiar.

Esto nos permite ver a la vulnerabilidad como la cuna de las emociones y experiencias que anhelamos; es el punto de partida del amor, de la integración, de la dicha, del valor, de la empatía y de la creatividad; es la fuente de la esperanza, la responsabilidad y la autenticidad. De acuerdo con el diccionario Merriam-Webster, la palabra vulnerabilidad procede de la palabra latina vulnerare, que significa «herir». La definición incluye «susceptible de ser herido» y «atacado o perjudicado». Pero por otro lado, se define debilidad como: «La incapacidad de resistir a un ataque o herida». Desde una perspectiva lingüística, ambas posturas se encuentran en polos opuestos, incluso, se puede reconocer a la debilidad como la falta de vulnerabilidad; cuando no reconocemos de qué forma y dónde somos sensibles, corremos más riesgo de que nos hieran

La vulnerabilidad nos permite ser prudentes, ser lúcidos y nos abre al mundo. Al permitirnos ser vulnerables podemos entender desde nuestra visión que las acciones, emociones y demás variables del día a día nos generan un grado de afectación lo cual nos permite conocer antes de suponer o acelerar nuestras experiencias emocionales. En cuánto a la lucidez, nos impulsa a ver la vida desde la curiosidad y darnos la oportunidad de estar inmersos mediante la participación en nuestro contexto y finalmente nos abre al mundo permitiéndonos entrar a nosotros cuestionamientos sobre si realmente estamos viviendo de la manera que queremos y si es importante para nosotros lo que estamos haciendo.



Si aceptamos y acogemos nuestra fragilidad, podemos evitar embarcarnos en situaciones que no nos nutren y en cambio focalizar nuestra atención en aquellas situaciones que sean necesarias para mantener límites o generar experiencias positivas. En el proceso de abrazar la vulnerabilidad, comprendemos que habitualmente tenemos necesidad de hallar refugio en otra parte: retirándonos a un ámbito tranquilo, meditando, rompiendo con el mundo de vez en cuando y preguntándonos qué nos gusta en realidad, qué queremos hacer de verdad con nuestra vida.

Libro referencia:

El poder de ser vulnerables. Brené Brown

María Paula Aguilera- Psicologa.co – Especialistas en Salud Mental

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