Nacemos y crecemos en un mundo en el que nos bombardean constantemente sobre cómo ser, cómo vivir, cómo comportarnos para ser “FELICES”. Como si se tratara de una fábrica de humanos, nos imponen estándares y prototipos de belleza, de vestimenta, de estilos de vida y de conductas a seguir relacionadas con el matrimonio, el hecho de tener hijos, los estudios y el trabajo.

 

Cuando no logramos cumplir con esas metas, entonces nos autoflagelamos, nos sentimos incompetentes, sin valor, poca cosa y frustrados, y entonces nuestra autoestima cae al piso.

 

Es más, nos enseñan que por ejemplo, emociones como el miedo, el enojo y la tristeza, son “emociones negativas”, por lo tanto prohibidas y si las experimentas, estás mal, necesitas ayuda. Las emociones no son buenas ni malas, simplemente son y nos permiten expresar nuestros pensamientos y sentimientos para descargar la energía que producen y hacer valer nuestros derechos. El inconveniente está cuando exageramos en su expresión y cuando se nos sale de las manos su control y su regulación, pero las emociones, cualquiera que éstas sean, son la forma natural de expresar nuestra existencia y es sano expresarlas, porque cuando no lo hacemos, nos enfermamos física y emocionalmente.

 

Resulta muy angustiante querer alcanzar ese 10, incluso ese 11, que nos exige la sociedad, llámese familia, colegio, pareja y/o trabajo. No sólo porque para el resto, como se dice popularmente, siempre “faltarán esos 5 centavos pa´l peso”, y nunca será suficiente para que logres a cualquier nivel, porque la sociedad tiende a siempre exigirte más cuando ve que logras un determinado nivel.

No podemos pretender ser igual a alguien por la sencilla razón que no somos ese alguien, no tenemos la misma historia de vida y por lo tanto no contamos con las mismas fortalezas y debilidades, ni experiencia de vida. Los modelos de vida sí que nos ayudan a guiarnos en la obtención de nuestras propias metas y sueños, pero nunca perdiendo de vista nuestra historia personal y nuestro bagaje personal para alcanzarlo. Pretender lo anterior sólo traerá a nuestra vida dolores de cabeza, tensión corporal y emocional y en resumidas cuentas, un estrés disfuncional.

 

Imagina que un músico famoso, escucha a su banda favorita y para su siguiente creación musical, utiliza los mismos acordes, incluso la misma letra para crear su canción. Lo anterior se conoce como plagio y es castigado legalmente. Lo mismo pasa con intentar ser como otra persona. No seas el plagio de alguien más sólo por satisfacer las emociones y los gustos de terceros. No nos castigan legalmente por ello, pero sí que vivirás en una “cárcel mental y emocional” perpetua.

 

Resulta incluso a veces cómodo querer semejarse a alguien o vivir una determinada situación como alguien, porque no requiere de un esfuerzo personal, de creación, de imaginación, de esfuerzo para sobresalir, porque sobresalir implica que pongan el foco de atención sobre tí, lo que a su vez te exige también tal vez que tener que superarte a ti mismo en un futuro. Pero finalmente ahí está la verdadera competencia: contigo mismo. Superar tus propias barreras, tus propias autolimitaciones para ser mejor persona cada día. Ser libre de elegir cómo comportarte, cómo vestirte, cómo hablar y cómo ser te permite disfrutar de las mieles de la independencia y de la libertad.

 

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Intentar ser perfecto no solo va en contra de la naturaleza, pues como lo dice la cultura oriental a través del símbolo del Yin y el Yang, somos luz y oscuridad, somos el bien y el mal, actividad y pasividad, caos y orden, sino que resulta en un imperfecto desequilibrio que terminará enfermándonos.

Para la cultura china, específicamente, el signo gráfico que representa la crisis, también representa la oportunidad. Sin la presencia de la crisis no hay oportunidad de cambio. Si fuéramos absurdamente perfectos no habría oportunidad de evolución, crecimiento, desarrollo, aprendizaje y todo lo maravilloso de vivir. Si fuéramos absurdamente perfectos, no seríamos perfectamente humanos.

 

Referencias

Martínez, E. (2017, 24 de Febrero). Elogio a la imperfección. Semana. Disponible en https://www.semana.com/opinion/articulo/efren-martinez-por-favor-que-los-padres-no-jodan-tanto-a-los-hijos/516531?fbclid=iwar3cxx_5k-ppimocwff7jp_sgyqp8gwwmnayqioqebhzafb2u2hfmc9ybrq

Rutsztein, G, Scappatura, M.L. & Murawski, B. (2014). Perfeccionismo y baja autoestima a través del continuo de los trastornos alimentarios en adolescentes mujeres de Buenos Aires. Revista mexicana de trastornos alimentarios5 (1): 39-49.

Triglia, A. (s.f.). La teoría del Yin y el Yang. Disponible en https://psicologiaymente.com/meditacion/teoria-yin-yang. Recuperado el 17 de Julio de 2019.

Wu Dang Chen (2011). Wei Ji: Opportunity in Crisis [Mensaje en un blog]. Chen’s blog. Disponible en https://www.wudangchen.com/blog/wei-ji-opportunity-crisis.

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