Criar niños no es una tarea sencilla. A pesar de que sean tus propios hijos se puede convertir en un dolor de cabeza ante el cual, si no tomas medidas a tiempo, no solo puede repercutir en problemas para ti mismo, sino para tu propi@ hij@, tanto en la actualidad, en casa, en el colegio, con sus amigos, como cuando sea adulto, en su propio hogar, su familia y su trabajo.

 

A continuación encontrarás una serie de recomendaciones sencillas a tener en cuenta en la crianza de tus hijos, tanto si ya los tienes, como si los piensas tener, y de esta forma desarrollar una actitud de prevención tanto para ti como para ellos, como padre responsable de familia. Si ya presentas problemas relacionados con las normas, la autoridad y el comportamiento de tu hij@, también te invitamos a leer este artículo y posiblemente, a buscar ayuda profesional para que te guíe en el camino de ser padres competentes y amorosos.

 

Hay que tener claro como adulto, que como casi todo en la vida, existen los límites. Los límites son las prohibiciones que les ponemos a nuestros hijos. Son imprescindibles para su desarrollo y evolución, ya que les aportan seguridad y protección. Si tu hij@ se siente más “fuerte” en este sentido, que sus propios padres, no podrá nunca sentirse protegido.

 

Cuando a nuestro hij@ le decimos “No”, en determinadas ocasiones, le estamos provocando pequeñas frustraciones necesarias en la vida, para que poco a poco, aprenda a renunciar en ocasiones a sus deseos y entienda que en la vida cotidiana pueden existir fallos y decepciones. Si nuestro hijo no ha tenido nunca frustraciones, no sabrá encajarlas en su esquema mental y no aprenderá a reaccionar ante ellas. De esta forma su autoestima se podrá ver afectada, ya que a futuro creerá que no sirve para realizar determinadas tareas y así conseguir recompensas. Por ello, es muy beneficioso negarle pequeñas cosas y que no siempre lo consiga todo.

¿Cómo debemos establecer límites y normas?

 

Las normas que pongamos deben ser pocas y claras. No podemos estar siempre diciéndoles que no a todo y además, debemos asegurarnos de que las entienden, o difícilmente las cumplirán. Debemos ser constantes con las normas y consecuentes con las decisiones tomadas: las órdenes que nunca se cumplen, los castigos que olvidamos, provocan una pérdida de autoridad y le confunden.

 

Es muy beneficioso felicitar al niño siempre que se lo merezca, especialmente si ha cumplido una norma o un límite que le cuesta asumir. Así le daremos confianza en sí mismo, y podrá comprobar lo felices que nos sentimos al portarse bien. Ser cariñosos pero firmes es importante. Que queramos a nuestros hijos no implica que les dejemos hacer lo que quieran o, por el contrario, debamos ser excesivamente estrictos. Buscar soluciones, sanciones y recompensas adaptadas a lo acontecido ayudarán a evitar confusiones en tu hij@. No podemos regañarle igual si le ha pegado a su hermano o amigo, que si ha tirado el vaso de leche al suelo.

 

Para que tu hij@ se muestre dispuesto a aceptar las normas o los límites marcados por sus padres, es necesario que se cumplan otras condiciones:

 

  • Que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño
  • Los padres deben estar convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de luchar para su cumplimiento
  • Las normas marcadas por los padres han de ser claras y realmente necesarias, y por lo tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en ineficaces
  • Los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña, por lo tanto, han de ser consecuentes con el modo habitual de conducta en casa
  • Es normal y habitual que tu hij@ quiera probar, con su actitud y con su conducta, hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado. Es en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después podría costar mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas
  • Todo ello, no excluye la necesidad de que los padres adopten una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad concreta de tu hij@
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Desaprueba la conducta, no a tu hij@

Es necesario que dejemos claro para nuestros hijos que nuestra desaprobación está relacionada con su comportamiento y no directamente con ellos. No les estamos rechazando. Evita expresiones como “niñ@ mal@”, y utiliza por ejemplo “no muerdas”. Con este ejemplo, desaprobamos la conducta, no a la persona.

Acentúa lo positivo

Los niños son más receptivos cuando se les explica “cómo hacer” algo, a recibir una orden. Directivas como el “No!” o “Para!” dicen a un niño qué es inaceptable pero no explica qué comportamiento le gustaría al adulto que realice. Es mejor decir a un niño lo que debe

hacer (“Habla bajo”), en vez de lo que no debe hacer (“No grites”). Padres autoritarios dan más órdenes relacionadas con el “no”, mientras los comprensivos son más propensos a aplicar la orden con el “hacer”.

Establece acuerdos claros

Todos deben estar de acuerdo en tres aspectos:

  1. Qué es lo permitido
  2. Qué es lo no permitido
  3. Cuando ocurre algo de lo no permitido, cómo se sanciona

Sé constante

Cuando estableces una regla, evita expresiones como “Ésta vez va en serio”, “Te lo advierto que te voy a castigar”, “Voy llevando la cuenta de las veces que te has portado mal”, y cumple con lo que pactas, de lo contrario tu hij@ no tomará en serio las normas y por lo tanto no las cumplirá.

No controles lo incontrolable

No pretendas controlar o vigilar las 24 horas a tu hij@, no solo es imposible, sino que éste se puede sentir en una prisión y además pasar por alto o burlar la norma impuesta. Por ejemplo, decirle a un adolescente que está castigado con no ver televisión durante la

tarde y dejarlo en casa sin vigilancia alguna, no es la mejor manera de aplicar una sanción. No estarás presente y por lo tanto no puedes controlar la situación.

Evita errores como:

  • Decir constantemente que hay reglas y que hay que cumplirlas pero sin aplicar consecuencias a las faltas
  • Imponer de entrada el peor de los castigos, ya que en algún momento no se tendrán más respuestas como consecuencias a las faltas, pueden sentirlo como injusto y desarrollar sentimientos de rabia desproporcionada y pueden pensar que ya no tienen nada que perder
  • Evita anunciar la consecuencia, particularmente a los adolescentes, pues pueden responder con menosprecio a dicha consecuencia y responder que no le importa, aunque no sea cierto. Debes entonces mantener tu postura y anunciar una consecuencia más fuerte en caso de reincidencia, pero no cambiar el castigo

Para finalizar:

  • “Agárralos portándose bien”. Recuerda acentuar lo positivo y deja por ejemplo que te ayuden en las rutinas y responsabilidades del hogar. Dependiendo de la edad, te pueden colaborar, sentir que son útiles para ciertas tareas y así se fomentan las relaciones familiares al realizar actividades juntos
  • Existen ciertas técnicas desde el ejercicio de la psicología, que dependiendo también de la edad de tu hij@, te pueden ayudar a hacer cumplir normas, tales como:
    • Tiempo fuera: Coloca al niño en una silla por un lapso corto de tiempo después de ocurrida la conducta negativa. Enseguida de que ocurre se le dice al niño “No, no debes hacer…”, con calma, sin gritar ni demostrar enojo y se le lleva al sitio. Espera unos 10 o 15 segundos a que deje de llorar, cuando se calme levanta al pequeño sin decir una palabra. Ponlo en el suelo, cerca de algunos juguetes, no lo reprendas ni digas una sola palabra, hasta que se calme. Después de cada episodio de “tiempo fuera” se debe considerar al niño, “libre de culpa”. Esta técnica se utiliza en niños desde los 9 meses hasta los 2 años.
    • Premios: Para un niño un premio es algo muy agradable y que siempre deseará alcanzar, por tal razón hará lo que sea para obtenerlo. Realizar actividades placenteras como jugar con los juguetes, ir al cine o ver televisión puede ser considerado un premio que se le entrega cada que cumple con una tarea deseada
    • Economía de fichas: Consiste en dar puntos positivos y puntos negativos en función de si cumple con la norma establecida o no. La acumulación de puntos positivo se canjea por premios como los mencionados anteriormente. La lista de las actividades deseadas a realizar por el niño, así como el conteo de puntos positivos y negativos debe estar a la vista del niño, por ejemplo a través de un tablero o una cartelera. Esta técnica es recomendable en niños entre los 3 y los 12 años.
    • Contrato de contingencias: Consiste en llevar a cabo un contrato por escrito en el cual se establezcan los deberes y los derechos del niño, en donde ambas partes (padres e hijos), dejen claro la conducta que se desea en el otro. Aquí desarrollamos el valor del diálogo, se refuerzan estrategias en cuanto a toma de decisiones, solución de conflictos de forma pacífica y se aprende a llegar a un acuerdo familiar. De esta forma el niño pecibe que puede asumir un papel importante dentro del control de sus emociones y de su conducta. Esta técnica es recomendada en niños de 12 y 13 años.

Por último y no es lo menos importante, recuerda que una educación basada en el respeto y en el amor fomenta adultos seguros de sí mismos, responsables, educados y respetuosos. Las normas y las leyes son sinónimo de respeto y amor por sí mismo, por el prójimo y por la sociedad.

 

Referencias

Guía de pautas de crianza. Caja de Compensación Familiar Cafam. Subdirección de Salud. Área de Psicología. Recuperado el 25 de Junio de 2019.

Jhonson, S. (1997). Therapist’s guide to clinical intervention. The 1, 2, 3’s of treatment planning. San Diego, California, USA: Academic Press.

Méndez Cárdenas, L. (2011). Guía para padres sobre el manejo de límites y autoridad: 1-19.

 

Juana Cáceres – Psicologa.co – juanacaceres@psicologa.co

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