Cada vez es más común escuchar personas de todas las edades, sobretodo jóvenes, que refieren consumir marihuana en fiestas, en compañía de sus amigos, o para relajarse por el estrés cotidiano incluso en soledad y de forma individual, y hablan de ello como una actividad básica cotidiana, como comer, dormir e ir al baño.Uno de los principales mitos que podemos escuchar constantemente respecto al consumo de marihuana, es que ésta “se trata de una planta medicinal, proviene de la naturaleza y por lo tanto no me puede hacer daño…”. Pero ¿hasta qué punto es ésto cierto y hasta qué punto es un mito popular?
La marihuana contiene varios compuestos químicos que pueden ser utilizados como medicamentos o fármacos para el tratamiento de enfermedades y de diversos síntomas, como por ejemplo los asociados al dolor en enfermedades terminales. Esto definitivamente es una realidad. Sin embargo, el término “Phármakon” proviene del griego y tiene varios significados, entre ellos, dos completamente opuestos: uno de ellos es “remedio”, el otro “veneno”. Es decir que lo que puede ser usado para mantener la vida, también puede ser utilizado para morir. Todo dependerá del grado de pureza, de la dosis, de la modalidad de empleo, de la cultura en la cual se legaliza o no el consumo y lógicamente, también del estado físico, cognitivo (emocional, mental, espiritual), de la persona que accede a estos fármacos. La marihuana no es entonces la excepción.
En la cultura colombiana es evidente que el consumo de marihuana inicia cada vez más a edades más tempranas, influenciado por una cultura de consumo en la que factores como la desigualdad social, la calidad de vida insuficiente, la falta de recursos físicos, económicos y emocionales para afrontar los problemas, la cultura del narco y microtráfico y el cada vez mayor incremento de variedad de sustancias que generan curiosidad por búsqueda de sensaciones nuevas, como por ejemplo las drogas sintéticas, de fácil accesibilidad, junto con el consumo de tabaco y alcohol, considerados como sustancias legales, hacen a nuestra juventud cada vez más propensa y vulnerable a acercarse a una droga, como lo es la marihuana, aún de más fácil acceso que las otras.
La investigación y la evidencia científica es aún muy escasa, respecto a las propiedades terapéuticas del uso de marihuana para tratamientos médicos. A diferencia de lo anterior, la investigación sobre las repercusiones en la salud física y psicológica de las personas secundario al uso de marihuana, debido a la complejidad de su composición química, ha sido mucho más amplia y los resultados han arrojado que los efectos adversos son más frecuentes en comparación con las propiedades que pueda tener. En definitiva, el uso terapéutico de la marihuana aún no cumple los rigurosos criterios del método médico-científico, aunque el proceso de investigación sigue en curso.
A nivel físico han sido evidentes consecuencias sobre el cerebro, como enlentecimiento psicomotor, problemas de memoria; también problemas respiratorios produciendo incluso problemas en el sistema inmune, es decir con propensión a adquirir enfermedades infecciosas; adicionalmente problemas cardíacos y de presión arterial; así mismo problemas endocrinos relacionados con problemas hormonales y de deseo y reproducción sexual; también problemas de reproducción celular incrementando problemas en la formación del feto por ejemplo en mujeres embarazadas. En la salud mental, las consecuencias que la OMS (Organización Mundial de la Salud), ha detectado en las personas que consumen marihuana han sido: síndrome de abstinencia o dependencia a la sustancia cuyos síntomas principales son: ansiedad, tensión, desazón, irritabilidad, alteraciones del sueño, gastralgia y cambios en el apetito; trastornos mentales orgánicos debido a la intoxicación y a la concentración de la sustancia en el cerebro que genera alucinaciones que van más allá del efecto deseado que el consumidor generalmente busca; síntomas psicóticos como sensación de angustia, ideas psicóticas, alucinaciones, episodios de pánico; síndrome amotivacional que se caracteriza por una sensación de no querer hacer nada y por una apatía generalizada hacia varios aspectos de la vida; precipitación de esquizofrenia entre personas vulnerables a este tipo de psicopatología, entre otros.

Juana Caceres - Psicologa.co - [email protected]

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