El bullying o acoso o matoneo es un tipo de agresión y por lo tanto un tipo de maltrato físico, verbal o no verbal y/o psicológico, generalmente unidireccional, en el que se presenta un desbalance de poder, intencional y repetitivo, directo o indirecto (este último por ejemplo a través del ciberacoso por medio de internet),  en donde hay una víctima escogida que se siente intimidada y excluída, un victimario y unos testigos, en donde no se presenta una adecuada, funcional y pacífica solución de conflictos y manejo de valores o simplemente se hace como una forma de “entretención” y que generalmente se da entre pares o iguales en un ambiente académico y de convivencia.

El Dr. Dan Olweus fue la primera persona en denunciar este tipo de acoso escolar en los años ‘70 en Noruega y crea el primer programa antiacoso escolar.

A pesar de los esfuerzos, en el mundo el fenómeno del bullying ha ido en aumento y Colombia no es la excepción: según la Encuesta de Convivencia Escolar y Circunstancias que la Afectan (ECECA) realizada por el DANE en el año 2011, los estudiantes manifestaron que han sido víctimas en algún momento de su vida de algún tipo de amenaza, ofensa o presión por parte de alguna persona del colegio, incluso a través de internet.

Los principales factores de riesgo (aunque no los únicos), para que se presente un caso de bullying, son los siguientes:

 

  • En cuanto al agresor: generalmente a nivel físico son más fuertes y seguros que sus víctimas, presentan problemas de agresividad y de control de los impulsos, desafiantes ante la autoridad y no siguen reglas, presentan baja tolerancia a la frustración, se sienten agredidos u ofendidos, en ocasiones pueden presentar rasgos tendientes hacia lo asocial como no sentir empatía por el dolor de su víctima, incluso sentir satisfacción al tratar mal a la misma. También suelen presentar conductas aprendidas desde casa en donde puede haber presencia de violencia intrafamiliar. Al presentarse este desajuste social, suelen presentar conductas relacionadas con el vandalismo, consumo de sustancias, bajo rendimiento académico, entre otras.

 

  • En cuanto al agredido: físicamente pueden mostrarse más débiles y pasivos, se caracterizan por ser personas ansiosas, en ocasiones responden también con agresividad ante las agresiones por la irritabilidad que puede generar la misma. Generalmente presentan síntomas de depresión y de desatención en el aula de clase, incluso en casa. Presentan entonces bajo rendimiento académico, tendencia al aislamiento y problemas de autoestima, así como dificultades en las habilidades sociales. Pueden incluso presentar problemas de consumo de sustancias. Generalmente sus familias presentan sobreprotección y éstas sienten impotencia e incapacidad respecto a resolver el conflicto.

 

  • Los testigos generalmente suelen callar ante la agresión ya sea por miedo o porque apoyan al “líder” y refuerzan de esta forma su conducta.

 

Desafortunadamente algunos padres de familia, incluso algunas instituciones educativas se comportan como testigos, tal vez de manera no intencional, porque no saben ni cuentan con las herramientas para resolver este conflicto, reforzando la idea tanto en el agresor como en el agredido que “el más fuerte es el que sobrevive”.

Las consecuencias del acoso escolar tienen repercusiones directas en la salud mental de las personas, en hospitalizaciones psiquiátricas a mediano y largo plazo, y finalmente, en el fenómeno del suicidio que en niños y adolescentes ha venido presentándose con una frecuencia mayor que en años anteriores.

Las consecuencias del bullying entonces, no sólo se resumen en el malestar y la incomodidad que puede suscitar la situación del momento sino que hablamos de consecuencias psicológicas (incluso psiquiátricas), tales como ansiedad, fobias, alteraciones en la conducta y de las emociones, somatizaciones, trastornos del sueño y de la alimentación, trastorno de estrés postraumático, entre otras, que persisten incluso años después de presentarse un episodio o un caso de bullying en el pasado.

 

¿Qué se puede hacer al respecto?

Según la UNESCO, la educación debe modificarse y se debe cambiar el foco del énfasis académico hacia una apertura integral, que se fije también en las virtudes del estudiante y en reforzar la aceptación de la diferencia, con el fin de desarrollar en los niños y jóvenes la capacidad de convivir en ambientes en donde el respeto y la seguridad primen. Esta educación debe iniciarse desde los primeros años de infancia, trabajando estrategias de autoconocimiento, asertividad , manejo del enojo y los impulsos y de refuerzo en habilidades sociales, por ejemplo, bajo un enfoque de valores, interacción sana y comunicación respetuosa.

Es importante que si te das cuenta que tu hij@ o alguien cercano a tí (incluso tú mismo), está siendo víctima de bullying (o está agrediendo a alguno de sus compañeros de estudios), permitas un espacio tranquilo y de respeto en donde la persona no se sienta revictimizada, es decir culpabilizada por lo que está ocurriendo. Una buena estrategia para empezar a ayudar a una persona que esté viviendo una situación como ésta es preguntarle por cómo se siente y permitirle que exprese sus emociones, más que preguntarle sobre el hecho en sí, por lo menos en primera instancia. Luego anímala a buscar apoyo en sus padres o en cualquier adulto responsable y de confianza, para de esta forma buscar apoyo profesional.

Los conflictos no se resuelven solos y requieren de nuestra aceptación para comenzar a sentirnos mejor. No continúes viviendo en silencio el sufrimiento que sientes. Anímate a ser parte y protagonista de la solución ante el conflicto.

Referencias

Arroyave Sierra, P. (2012). Factores de vulnerabilidad y riesgo asociados al bullying. Revista CES Psicología, 5 (1): 118-125.

Avilés, J.M., Irurtia, M.J., García-Lopez, L.J.  y Caballo, V.E. (2011). El maltrato entre iguales: “bullying”. Psicología Conductual, 19 (1): 57-90.

Harel-Fisch, Y., Walsh, S.D., Fogel-Grinvald, H., Amitai, G., Pickett, W., Molcho, M., Due, P., de Matos, M.G. y Craig W. (2011). Negative school perceptions and involvement in school bullying: a universal relationship across 40 countries. Journal of Adolescence, 34 (4): 639-652.

Juana Cáceres – Psicóloga Clínica de Psicologa.co        correo: juanacaceres@psicologa.co

 

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