Es muy común escuchar en consulta personas que han tenido o tienen relaciones de pareja actuales cuya forma de relacionarse no se basa precisamente en el amor, el respeto, la comunicación, la confianza, recíprocas, entre otras virtudes, sino más bien acuden a formas de solucionar conflictos asociadas a cualquier tipo de maltrato: físico, emocional, psicológico, económico, incluso abuso sexual. Lo anterior, paradójicamente, genera dependencia emocional, entendida como un patrón que implica cogniciones, conductas, motivaciones orientadas a percibir al otro como fuente de seguridad pero al mismo tiempo de inseguridad por la falta de confianza hacia esa persona, y que además implica creencias erróneas sobre lo que es el amor, las relaciones de pareja, incluso de sí mismo.

 

 

Es triste hablar de esta realidad pero resulta inminente ante la cantidad de casos que en el mundo se escuchan respecto a esta situación y que paradójicamente resultan aún más difíciles de solucionar, de dar fin a la relación y de superar los traumas y las heridas que estas situaciones dejan en cada persona.

 

La violencia en cualquiera de sus formas se ha convertido no solo en un problema de vulneración de derechos sino en un problema de salud pública. Desafortunadamente no hay excepción cultural, ni de edad, ni de estrato social ante esta lamentable situación.

 

Existen una serie de predisponentes relacionados con rasgos de personalidad de la persona que es víctima de cualquier tipo de maltrato y que puede presentar dependencia emocional, como por ejemplo rasgos dependientes o evitativos, o de circunstancias culturales en las que creció la persona como por ejemplo machismos o micromachismos, estilos de afrontamiento ante dificultades, la forma en la que se percibe a sí misma y se relaciona con el mundo y con las personas, estilos de apego que se aprenden en la infancia, que pueden hacer más vulnerable a la persona tanto a ser víctima de cualquier tipo de maltrato como a, paradójicamente, no poder alejarse de la situación. Lo anterior no va a que si estás pasando por una situación similar, te sientas culpable al respecto, sino de ser consciente de quién eres y de encontrar una explicación a por qué suceden las cosas. Cuando adquieres conocimiento sobre una determinada situación te es más fácil de controlar y encontrar soluciones.

 

Si comienzas a trabajar en encontrar cuáles son los factores de riesgo que te pueden hacer caer en una relación dependiente, te resultará más fácil aprenderlos a manejar y tal vez erradicarlos de raíz.

 

Este tipo de situaciones no solo se ven reflejadas en la salud física sino también en la salud mental de las víctimas, tales como presencia de síntomas ansiosos, somáticos y depresivos.

 

Es importante que tengas en cuenta que si eres víctima de cualquier tipo de maltrato, no te dejes amedrentar por lo que te diga tu victimario ni por tus propios miedos y acudas en primera instancia a instituciones legales para recibir asesoría jurídica. Paralelamente también es importante que acudas a ayuda profesional en salud emocional para ayudarte a recuperar tu autoconcepto, autoconfianza y autoestima, ya que después de este tipo de situaciones, suelen verse pisoteadas.

 

 

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Recuerda que por más amor que sientas por una persona, no es suficiente para llevar a cabo una relación de pareja sana y tranquila. El enamoramiento y el amor en general deben ir acompañados de respeto, solidaridad, entendimiento, mutuos y mucha comunicación.

Piensa en una comida que te guste mucho pero que al mismo tiempo te hace daño. Supongamos que se trata de la leche entera que contiene lactosa. Existen personas que no la toleran  y por más que tengan muchas ganas de tomarse un vaso de leche saben que tendrán dolores y complicaciones estomacales fuertes. Lo mismo pasa con las relaciones de pareja; existen personas que tal vez nunca aprendieron a manejar sus impulsos, a controlar su ira, a manejar una relación de pareja, pero por más que estemos enamoradas de ellas, tendremos que saber que nos causarán daño. Aunque no es fácil, lo mejor es tomar distancia. ¿Cómo? Piensa en las consecuencias que a largo plazo puede conllevar el permanecer por largo tiempo con una persona así. Recuerda que TÚ eres más importante que cualquier otra persona o situación en el mundo y trabaja en mejorar tu autoestima, tu espacio personal, crea un mundo propio en el que decidas compartir con alguien sano emocionalmente y no entregar tu mundo a esa persona o que el mundo de esa persona te absorba a ti.

Aprende a disfrutar de tu soledad, conócete más a ti mism@ y enamórate cada día más de tí. Cuando le entregas todo ese amor y ese poder a otra persona, le entregas todas las herramientas para que pueda hacer contigo lo que quiera y solo tú debes tener control de tus gustos, de tus decisiones, de tus opiniones y de tus deseos. Si te sientes desvalid@, débil y poco competente es normal que veas en otra persona “fortaleza, seguridad y éxito” y por eso tenderás a no quererte separar jamás de esa persona.

Es importante que comiences a reforzar que tu estabilidad y tranquilidad depende de ti mism@ y no de nadie más. Asumir la responsabilidad no solo de tus actos sino de tus emociones, te hará sentir mejor contigo mism@ y te permitirá tener control de las situaciones. De tal forma que si no recibes un abrazo o una caricia o cualquier expresión de afecto por parte de esa persona que te gusta, piensa que tal vez la otra persona no lo consideró necesario expresar, no es su estilo de demostrar afecto o simplemente no siente tal afecto por ti (recuerda que nadie puede ser como nosotros queramos que sea), y no es agradable sentirlo pero no es el fin del mundo, de tu mundo. El amor y el cariño no pueden ser remplazados por solo dolor, angustia, constante infelicidad y vacío existencial.

Si sientes que tú o alguien cercano a ti vive una situación similar a ésta no dudes en hablar con un amigo cercano o con un familiar para sentirte apoyad@. Cuando hablas con otras personas sobre lo que te pasa y sientes, se expande el mundo en el que solo existía esa persona de la que dependes y te das cuenta que existen más personas dispuestas a escucharte y a valorar lo valios@ que eres.

Referencias

Aiquipa Tello, J.J. (2015). Dependencia emocional en mujeres víctimas de violencia de pareja. Revista de Psicología (PUCP)33 (2): 411-437. Recuperado el 11 de junio de 2019.

Lemos, M., Jaller, C., González, A. M., Díaz, Z. T. y De la Ossa, D. (2012). Perfil cognitivo de la dependencia emocional en estudiantes universitarios en Medellín, Colombia. Universitas Psycologica, 11 (2): 395-404.

Rodríguez de Medina Quevedo, I. (2013). La dependencia emocional en las relaciones interpersonales. Reidocrea, 2: 143-148.

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