Hace unos años nos tomábamos fotos en ocasiones especiales: cumpleaños, bodas, primeras comuniones. Nos parábamos frente al lente, se oprimía el obturador y debíamos esperar unos cuantos días mientras se revelaba la foto a ver cómo había quedado. Unos salían muy bien, sonriendo, otros con el ceño fruncido, otros con los ojos cerrados o mirando a otra parte, incluso en ocasiones salía borrosa, y no pasaba nada, sonreíamos, recordábamos el buen momento vivido y la guardábamos en nuestro álbum de fotos para luego compartir con las personas más allegadas.
Hoy en día hemos vivido un cambio abismal respecto al hecho de tomar una fotografía, porque no sólo podemos hacer varias hasta obtener la que queremos, descartar las que no nos gustan al instante, sino que incluso podemos tomarnos fotografías a nosotros mismos, posando, como si fuéramos modelos de revista, y sin tener el límite de tomar varias fotos porque el rollo se acaba.
Este tipo de fotos conocidas como selfies incluso ya no hacen parte del ámbito privado, sino que pueden estar a disposición de cualquier persona a través de las redes y no solo ha modificado la naturalidad de tomar una fotografía, sino que ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con el mundo, como si de un guión de una película se tratara, en el que todos queremos ser protagonistas.
Se trata de una realidad en la que todos de alguna u otra manera hacemos parte y a la que es difícil decir que no, pues el hecho de tomar varias fotografías hasta encontrar con la que más nos sintamos a gusto o con la que más nos identifiquemos o con la que queramos expresar un determinado estado de ánimo o forma de pensar, compartirla en redes y recibir comentarios generalmente halagadores y reacciones de “me gusta” o “me encanta”, hace sentir bien a las personas. No existe nadie en el mundo a quien no le guste escuchar cosas bonitas sobre sí mismo.
Las personas conformamos nuestra identidad día a día. La identidad engloba el autoconcepto (que sería la totalidad de los pensamientos y sentimientos de una persona hacia sí mismo), pero a la misma vez la identidad se construye en un proceso social donde los otros también aportan sus pensamientos y sentimientos hacia nosotros mismos. Ésto es algo innegable. Lo ideal es que exista un proceso de ajuste entre el autoconcepto y el concepto que tienen los demás sobre mí mismo. Para los seres humanos el apoyo social es una actividad fundamental para su desarrollo como individuo y en sociedad y por éso es innegable que nos importe no sólo la interacción con los demás, sino la percepción que los demás tienen de mí. Claro está, siempre en una justa medida.
Cuando nos miramos al espejo y vemos una imagen de nosotros mismos en la que no nos sentimos a gusto, ya sea porque estamos despeinados o sin arreglar o nos vemos cansados o simplemente no nos sentimos a gusto con la imagen reflejada, como la gran mayoría de seres humanos, llegan a la mente una serie de pensamientos negativos e incluso destructivos sobre nosotros mismos. Cuando en el transcurso del día, tomamos el teléfono celular y encontramos la luz apropiada, el ángulo que más nos favorece, planeamos la ropa que vamos a utilizar para la foto (algo parecido a lo que hacen en una sesión de fotos de modelaje que puede durar horas e incluso días para obtener la imagen “perfecta”, para la campaña), y oprimimos el obturador de la cámara, subimos la imagen a redes y recibimos comentarios agradables, es normal e incluso sano que nos sintamos agradecidos y a gusto con nosotros mismos. El problema siempre estará en los extremos: cuando sólo nos importa lo que opinen los demás de nosotros mismos o cuando no aceptamos los elogios de terceras personas (ambos revelan niveles bajos de autoestima).
Si nos remontamos a tiempos remotos a través de la historia del arte, la función del retrato o del auto retrato en épocas como el Renacimiento, el Barroco o vanguardistas, estaba relacionada con el hecho de fijar en la memoria social, política y/o religiosa la imagen de una o varias personas para demostrar su importancia dentro de un grupo determinado de la sociedad, favoreciendo la autoreflexión sobre sí mismo, el autoconocimiento y su posición dentro del mundo.

Juana Cáceres - Psicologa.co - [email protected]

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