Cuando se da un diagnóstico de una enfermedad mental a una persona, las consecuencias en su salud mental y física no sólo afectan directamente al paciente, sino que de forma indirecta, su familia, también experimenta los efectos de la enfermedad.

La convivencia con un paciente diagnosticado con una enfermedad psiquiátrica no resulta nada fácil y se convierte en un estresor significativo para los cuidadores.

Cuando hablamos de cuidador, hablamos de cualquier persona informal que no tenga profesión relacionada con las ciencias de la salud y que puede ser un familiar, como un cónyuge, padre o madre o pareja, hijos, hermanos, o tambén amigo, que tiene mayor contacto con el paciente, se encarga de la situación económica del mismo, es el responsable de darle la medicación y el que contacta con los servicios de salud de emergencia.

Según varios estudios sobre las consecuencias del cuidador que se han hecho en familiares que cuidan en casa a pacientes con enfermedad de Alzheimer, Parkinson, esquizofrenia y trastorno afectivo bipolar, por ejemplo, se ha concluído que dichos familiares puden presentar síntomas depresivos y de ansiedad, incluso presentan alto riesgo de mortalidad, ya que por ejemplo se duerme y se come menos y en peores condiciones.

Existe la creencia errónea de que por ejemplo, los trastornos mencionados anteriormente no son crónicos y que no afectan en mayor medida al paciente, por ésta razón el familiar decide asumir su cuidado, y este úlitmo puede vivir de forma paralela la enfermedad en términos de sufrimiento, agotamiento, agobio y desesperanza, debido a la responsabilidad que genera sobre su familiar, creando de esta forma un “enfermo oculto”.

Ser cuidador puede tener consecuencias psicológicas, principalmente emocionales y estrés, físicas, sociales y económicas y además tiene dos tipos de consecuencias: una objetiva y otra subjetiva. La primera es una ruptura de la vida familiar, observable, que puede incluir separaciones, divorcios, estigmatizaciones y problemas económicos; la segunda incluye sentimientos personales que producen el estrés, la carga y la insatisfacción.

Cuidar a un paciente con una enfermedad de salud mental, no sólo resulta estresante por los síntomas del paciente, las alteraciones conductuales y los efectos de la enfermedad, sino que al existir un vínculo afectivo, el sufrimiento emocional es significativo, ya que se trata de una persona por la cual sentimos afecto y por lo tanto no queremos que sufra.

La salud tanto física como emocional del cuidador es un factor que influye en el cuidado del paciente. Si el cuidador se siente sobrecargado, estresado, su cuidado dependerá de su estado de ánimo y no de las necesidades reales del paciente, por lo tanto será un cuidado desorganizado y poco funcional. Con base en lo anterior existen tres formas en las que el cuidador puede asumir el cuidado de su familiar: una de forma positiva, otra de forma obligatoria y otra de forma negativa, en donde hay sentimientos de por medio de ira y resentimiento.

Respecto a lo anterior, es importante tener en cuenta que la mayoría de las veces el cuidador no recibe recompensa por su labor, a pesar de los sentimientos de gratificación, amor, orgullo y compasión que pueda sentir, y su funcionamiento global, a nivel familiar, laboral y social se ve deteriorado.

Asumir estilos de afrontamiento más adaptativos, tales como los centrados en la solución del problema, ayudará a los cuidadores a mejorar su calidad de vida. Dichas estrategias requieren esfuerzos para modificar la situación a través de estrategias de solución de problemas, búsqueda de información y uso de comunicación asertiva.

 

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Entender que la conducta de su familiar está causada por la enfermedad y no por la personalidad del paciente lleva también a una disminución de la carga experimentada.

Así mismo el apoyo social hacia el cuidador y su familiar es fundamental durante el transcurso de la enfermedad. Sentirse solo en este tipo de situaciones no sólo trae consecuencias emocionales, sino incluso físicas como un descuido en la alimentación y en los hábitos saludables de sueño. Incluso según algunos estudios se ha demostrado en estos casos que no es tan importante la frecuencia de las relaciones sociales como la percepción de interés y de calor humano.

La calidad de vida del cuidador va a constituir un elemento clave para mantener al paciente equilibrado, para que reciba una buena y adecuada atención, para que tenga una mejor adherencia al tratamiento, y en definitiva, para garantizar la mejor calidad de vida y bienestar del paciente.

Es importante que si tú o familiares o amigos son cuidadores de pacientes diagnosticados con una enfermedad mental, consideren la importancia de recibir apoyo profesional a través de programas de psicoeducación que disminuyan, en la medida de lo posible, la carga que puede generar esta actividad. A través de estas ayudan, podrán recibir información de la enfermedad y apoyo emocional a los pacientes y sus familias, aumentar el cumplimiento del tratamiento, la profilaxis de las recurrencias, evitar el uso de drogas y alcohol, recibir tratamiento de la ansiedad y del insomnio, aprender estrategias efectivas de afrontamiento, mejorar el funcionamiento social y ocupacional, así como la calidad de vida, de tal forma que también se reduzca el riesgo suicida.

Los resultados que se han encontrado, luego de que el cuidador recibiera este tipo de apoyo han sido: reducción del nivel subjetivo de sobrecarga, disminución de la sintomatología de estrés y ansiedad, mejora del conocimiento acerca de la enfermedad, cambio de roles, reorganización y flexibilidad, cambio de las creencias sobre el impacto en sus vidas y la enfermedad, reducción del número de recaídas y de ingresos hospitalarios y además aumenta el tiempo hasta la recurrencia y mejora el cumplimiento terapéutico, aparte de un ahorro económico, disminuyendo así su sensación de necesidades insatisfechas y por lo tanto aumentando su calidad de vida.

Referencias

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Fadden G.B., Bebbington P.E. y Kuipers L. (1987). The burden of care: The impact of functional psychiatric illness on the patient ́s family. The British Journal of Psychiatry, 150: 285-92.

Gutiérrez-Rojas, L., Martínez-Ortega, J. M. y Rodríguez-Martín, F. D.. (2013). La sobrecarga del cuidador en el trastorno bipolar. Anales de Psicología29 (2): 624-632.

Juana Cáceres – Psicologa.co – juanacaceres@psicologa.co

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